ACTIVISTA

Lula


Rosalinda López Hernández

Siempre existe atracción, empatía, curiosidad, morbo, fascinación, repulsión, sobre personajes cuya vidas reflejan episodios heroicos ( David vs Goliat), de superación y de permanente lucha personal, política, social o cultural.

Luiz Ignacio Da Silva, mundialmente conocido como Lula, es el reflejo fiel de una figura que despierta pasiones no sólo en su país de origen, Brasil, sino especialmente en Latinoamérica y países europeos.

Hijo de un alcohólico que tuvo 22 hijos y que nunca se preocupó por ellos, de madre humilde, desde los nueve años dejó sus estudios para dedicarse a trabajar, fue torneador desde adolescente, perdió un dedo en accidente laboral, y dada sus condiciones de pobreza, su primera esposa murió embarazada de su primer hijo.

Tiempo después, empezaría su vida sindical, la cual le permitió desde pisar la cárcel hasta ser congresista de su país y fundar el partido político de izquierda más grande en América Latina: el Partido de los Trabajadores. Combatió la dictadura de su país, y fue durante décadas, el referente de la lucha social del gigante del Sur.

Tres veces candidato presidencial y fue tres veces derrotado, hasta que en una cuarta elección, salió victorioso como Presidente, siendo reelecto una vez más.

Gobernó Brasil por un período de ocho años, caracterizado por un crecimiento altísimo de la economía, una política social de amplios alcances: hambre cero, La Bolsa familia, que ayudaron como nunca, a que treinta millones de personas salieran del umbral de pobreza durante sus mandatos.

Hoy para esos millones de brasileños, Lula no es un simple político, es casi un Dios, al cual están dispuestos a defender a toda costa.

En un país de grandes contrastes, el combate a la corrupción ha detonado aún más, el debate político asociado a una lucha de élites versus clase trabajadora. Pero Lula, seguirá siendo Lula, el carismático líder, amado y odiado, pero nunca de brazos e ideas caídas.