EN ZONA DE RIESGO

¡Somos mexicanos!


Rodrigo Mojica

Justo cuando estás en algún aprieto en el país vecino, siempre te encuentras a uno que te echa la mano. Dicen por ahí que un mexicano nunca deja a otro mexicano, y vaya que es verdad.
 
Durante ya cinco días en Minneapolis, Minnesota, y algunas ciudades más de este mismo estado, entendimos que tal vez por el frío tan gacho, en buen grueso, la gente es mala onda.
 
Después de recorrer la milla, ésta ha sido sin duda la zona en donde nos encontramos con personajes poco alivianados.
 
Y la primera sorpresa fue al llegar, pues un hospedaje reservado con tiempo de antelación, de la nada se convirtió en una broma.
 
A través de una aplicación, con la idea de bajar costos, y porque siempre nos resultó bien, pudimos apartar un lugar en la casa de Sedera, se llama la mujer.
 
Ella, una chica de color, que parece le encanta la fiesta, decidió que no podíamos completar el servicio contratado.
 
Una de sus justificaciones fue que no llegamos a las 15:00 horas. ¡Hágame usted el bendito favor! Y fue después de que nos pintó cremas, que optamos por buscarle en otro lado.
 
Entonces nos encontramos con Divine, que en nuestro país sería alguien así como Don Riatas. Parecía un tipo ecuánime, pero sobre todo serio, el trato estaba hecho, y un día antes de nuestro arribo, se le ocurrió que cobraba el triple. Que no manche. Otra acción fallida.
 
Había de tres sopas: vender la nave y quedarnos en un hotelazo, regresar a casa y olvidarnos del Super Bowl LII en vivo, o encontrar otro sitio que no estuviera por las nubes.
 
Logramos lo último, pero además de camino, nos encontramos en un restaurante de comida mexicana a una paisana bien chida. La gorda del bus nos bajó por traer puros de $50. ¡Cha!
 
Nuestra amiga nos cambió la manita y en el siguiente transporte otra morenaza nos cajeteó por no esperar el camión en la parada, y a cambio irnos a la esquina, pues no entendió que era una montaña de nieve. ¡Culey!
 
Pero al final, aquella dama azteca nos demostró que de este lado la banda nacional es leña, y que de verdad nada es para tanto.
 
Incluso, para cerrar nuestro atrabancado día, vimos un choque en vivo y a todo color.
 
El de la camioneta tuvo la culpa, le pegó al del sedán, e hizo que éste se derrapara girando. El culpable pagó con su seguro, y el trato no duró ni cinco minutos. Ellos no se la hacen tanto de tos, como sí Sereda y Divine. La porra los saluda.