VIDA Y BIENESTAR

El amor


La esencia del desarrollo espiritual es el amor al prójimo, y quien más próximo a mí que yo mismo, yo misma, y es justo ahí donde cobra sentido la autoayuda que pensada en nuestro entorno incluye en reciprocidad a los que me ayudan.
 
Tener el propósito concreto de autoayudarnos es una forma de disciplina, que transita por comprender qué nos pasa, sentirnos y expresarnos con esa intención de dar la atención debida a cada aspecto de lo que nos preocupa, y hacerlo consistentemente.
 
Me explico: la autoayuda empieza cuando tomo conciencia de que algo pasa conmigo. Puede ser una cuestión corporal, algo me duele o funciona incorrectamente en mi organismo. O, quizá, se trata de una situación emocional o una preocupación, algo psicológico. O también, puede ser una inquietud espiritual, la necesidad de tener una mejor orientación en mi vida. Ese ‘algo pasa’ que capta la atención, llevándonos a la acción resolutoria.
 
Esta autoayuda es hacer de nuestra energía nuestra aliada, que se reflejará en mejor salud orgánica, mejor salud emocional y mental, o un comportamiento social más adecuado o preparado para decisiones más trascendentes.
 
Proponernos dialogar, mejor que discutir; llegar a acuerdos sobre los asuntos mejor que imponer criterios o despertar rebeldías; elogiar mejor que criticar y todas esas pequeñas actitudes que mejoran la comunicación positiva y disminuyen la agresión y las conductas negativas.
 
Todo ésto nos recuerda que somos un solo ser, y que ayudándonos ayudamos a los demás. Por eso la ayuda mutua es una fuente de apoyo emocional, particularmente cuando nos sentimos o nos reconocemos vulnerables.
 
Aplica en tu vida cotidiana técnicas de autoayuda: reflexiona, amplía tu conciencia, experimenta emociones amorosas que te hacen sentir la unidad evitando la dualidad del enojo o el sufrimiento, hazlo propositivamente y así veras cumplidos tus propósitos de año nuevo.