Transformando vidas a través del bienestar

Disminuye la vulnerabilidad social

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Un comportamiento de riesgo aislado difícilmente conduce a un trastorno emocional, como dice el refrán: “Una golondrina no hace verano”.
 
Por ejemplo, el consumo experimental de una sustancia no desemboca necesariamente en una adicción, sin embargo, la acumulación de comportamientos de riesgo es lo que hace la vulnerabilidad psicosocial, tener ese consumo experimental de marihuana, y además tener dificultades con los padres, tener un rompimiento de noviazgo, tener malas calificaciones, o que el padre pierda el empleo es una acumulación de riesgo que pone a un joven adolescente en un situación de vulnerabilidad psicológica y social.
 
Sin duda que cada persona puede reconocer las condiciones de estrés y de vulnerabilidad psicosocial que están incluidas en su estilo de vida. Lo importante a destacar es que muchas veces no nos damos cuenta de que estamos acumulando riesgos, al extremo de que algunos consideran ‘normal’ (entre comillas) tener ciertas conductas que los hacen vulnerables.
 
Pongo por ejemplo un chavo o una chava que va a un antro o a alguna reunión, consume sustancias y afecta con eso su cuerpo. Él o ella no ve con claridad que esa sustancia que mete a su cuerpo puede repercutir en su salud, por decir así: no relaciona lo inmediato con una consecuencia que lo enferme.
 
Ese chavo a chava en el antro ¿dónde tiene su mente y sus emociones? ¿Hasta qué punto estímulos externos se adueñan de su ser? ¿Su cerebro, sus pensamientos, se intoxican con lo que ha ingerido? ¿Consume en exceso? ¿Sostiene intercambios sexuales que en otras condiciones no sostendría? ¿Se expone a manejar en ese estado? 
 
La investigación ha puesto de manifiesto tres aspectos claves que disminuyen la vulnerabilidad psicosocial: uno, el manejo adecuado de las emociones; dos, tener resistencia ante la frustración; y tres, tener la habilidad de tomar decisiones adecuadas.
 
Si tienes un hijo o una hija adolescente trabaja con estos tres puntos clave y también trabájalos en ti, para que entonces, como dice el refrán, los riesgos te hagan lo que “el viento a Juárez”. 
 
La educación emocional, en un sentido amplio nos fortalece, ya que supone que hay aceptación de quienes nos rodean, comunicación con ellos, un intercambio de experiencias de lo que se vive día a día de los proyectos, las ilusiones; un ambiente donde se discute si es necesario, pero se respetan las opiniones y se puede apreciar que las personas son aceptadas aunque pueda ser que no se compartan sus ideas.
 
Recuerda, tres son las claves: manejo de emociones, de la frustración y de la toma de decisiones.