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Cómo entender a Cataluña

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 En la pasada entrega señalamos que Cataluña es definida como nacionalidad histórica en su Estatuto de Autonomía en 2006; según lo dispuesto en “La Constitución española, en el artículo segundo reconoce la realidad nacional de Cataluña como nacionalidad”, aunque el texto del preámbulo sólo tiene valor declarativo y no jurídico, según el Gobierno de la Nación.

Vista desde fuera, da la impresión de que Cataluña dispone de los elementos emblemáticos de un Estado: una bandera, un himno, un Parlamento, y hasta un líder, Carles Puigdemont (hoy prófugo), tiene su propio órgano regulador de las telecomunicaciones y oficinas de representación en el extranjero, mini embajadas que promueven alrededor del mundo el comercio y la inversión en Cataluña. La industria, el turismo y los servicios son los principales sectores económicos de Cataluña, la provincia catalana de Tarragona alberga uno de los mayores centros de la industria química de Europa, mientras que el puerto de Barcelona es uno de los principales de la Unión Europea en función del volumen de bienes que gestiona.
 
Los catalanes propagan que con la independencia, Cataluña sería más rica que actualmente, que aumentaría su PIB, su empleo, y mejoraría su capacidad de endeudamiento, pensiones y servicios sociales, lo cierto es que entre un escenario glorioso y otro catastrófico, los datos indican que Cataluña afrontaría una fuerte crisis que afectaría también al conjunto de España, parecida a la causada por la Gran Recesión, que redujo entre 2008 y 2013 la riqueza española.
 
Para que Cataluña funcione como Estado soberano, tendría que hacer mucho más, incluyendo la gestión de las fronteras, aduanas, un Banco Central, una agencia de recaudación de impuestos, el establecimiento de relaciones internacionales apropiadas, una oficina de control aéreo y, todo lo relacionado con el área de Defensa, sin embargo, su nacionalismo es muy arraigado y seguirán luchando por su independencia. Continuará…