Desde el averno

M-H: una obra disfrutable

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Solo una pareja de actores en escena, ella se llama Abril Mayett y él Juan Carlos Medellín, señoras y señores, los dos, son unos pedazos de actores.
 
Me dice mi comadre Raquel Bigorra: “Nos están invitando a apadrinar una obra de teatro que se llama M-H, sale una amiga que es muy talentosa, así que vamos”, y como donde manda capitán no gobierna marinero y mi comadre y yo estamos acostumbrados a hacer equipo, pues acepté sin tener la más remota idea de lo que iba a ver.
 
COMO PECES EN EL AGUA
Así que quedó de pasar a las 7:30 por mi persona, ya ve que vivimos en la misma calle, y esta vez fue muy puntual mi comadre junto con mi compadre Alejandro Gavira, mi compadre y su marido. Salí, me trepé a su lujosísima camioneta recién sacada del taller, nuevecita, después de un ligero recargón que le acomodó mi compadre contra un poste de luz de la colonia; me trepé con la maldita incertidumbre de qué era lo que iba yo a apadrinar junto con La Bigorra y con Rodrigo Murray, mi querido amigo.
 
Llegamos al teatro Rafael Solana, suerte que no nos quedó tan lejos, ahí en Miguel Ángel de Quevedo, llegamos y ya había algunas cámaras de televisión y algunos reporteros. Mi comadre y su asqueroso servidor, como peces en el agua, dando entrevistas y todo el pedo; pero en mi interior había algo que ocupaba mi atención, ¡me estaba zurrando de hambre! Así que en friega di las entrevistas, pero ya mi mente estaba en la cafetería del teatro. En cuanto tuve oportunidad me desafané y fui a la dulcería en lo que mi comadre seguía hablando con la prensa, compré dos refrescos y unos cacahuates japoneses para ir engañando la tripa; todavía cuando subieron mis compadres se discutieron unas palomitas con Valentina que disfruté plenamente.
 
PEDAZOS DE ACTORES
Nos apoltronamos en las butacas, yo con las piernas de lado, pues los teatros en México están hechos para el mexicano estándar y yo me salgo del promedio. Con las piernas chuecas me tuve que desenrollar para saludar a Olivia Collins que llegó guapísima a sentarse al lado mío; pero como yo traía las piernas dormidas, me paré como venadito recién nacido, con terror a que mi ligero peso fuera a vencer mi buen torneado cuerpecito hacia la fila delantera o trasera del teatro; pero afortunadamente solo trastabillé. Debió haber pensado La Collins que venía yo muy pedo, pero en el teatro ¡ni una pinche chelita vendían!
 
Dieron la tercera llamada y yo todavía confuso e incrédulo dejé que me sorprendieran, ¡y vaya que lo hicieron, público querido! Solo una pareja de actores en escena, ella se llama Abril Mayett y él Juan Carlos Medellín, señoras y señores, los dos, son unos pedazos de actores.
 
JAMÁS DECAEN EN EL RITMO
Simplemente sensacional, esta obra M-H es una comedia, pero una comedia que no estamos acostumbrados a ver en nuestro país, es un género llamado clown, que si usted ha tenido la oportunidad de ver alguno de los espectáculos del Cirque du Soleil en vivo o hasta en la televisión, me va a entender muy bien; todo lo que hacen los payasos en estos espectáculos circenses es precisamente el clown, es decir, una comedia con pocas palabras, casi muda, con una gran expresión corporal, convirtiéndose en una comedia muy física.
 
Pero lo increíble de esta obra es que también importan mucho las situaciones, y hasta tiene momentos de profunda reflexión. La obra se basa prácticamente en las relaciones de pareja pero llevadas al clown, es decir, te identificas porque te identificas, y esto irremediablemente nos lleva a la carcajada. Pasan desde Adán y Eva hasta las relaciones de pareja en la época actual. El desgaste físico y emocional de los actores es enorme, pues en casi dos horas, sin intermedio, jamás decaen en el ritmo, que por cierto es vertiginoso, con prácticamente sonidos, expresión facial y corporal y una que otra palabra hacen que el público se desternille de la risa. En verdad una comedia admirable.
 
BROCHE DE ORO
Pasan también por la relación entre madre e hijo y ese fue uno de mis momentos favoritos de la obra, pues se me figuró  ver a Pedrito Sola con su sacrosanta madre en el escenario, como quien dice, todo el mundo se identifica con algo en esta historia y, acá entre nos, cae muy bien ir a reírse un martes en la noche, que es cuando se presenta esta obra, y recargar pilas para el resto de la semana. Se me fue como agua la función, mis compadres, Rodrigo Murray y hasta La Collins carcajeamos sin parar.
 
Luego, al terminar, los padrinos subimos a felicitar al elenco y a decir unas palabras y todavía hasta una canasta con tequilas y chocolates nos regalaron en agradecimiento; díganme si ese no es un martes a toda madre. Pero ahí no acabó la cosa, todavía mis compadres, consientes de qué traía todavía un huequetetito en el estómago, me picharon los tacos: tres de pastor con todo y uno de chuleta, acompañados de una chela bien helodia fueron mi broche de oro, y en una de esas ahorita me empino el tequilita del obsequio. He dicho.