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Catalexit

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Lo que parecía ser una ocurrencia del momento hace unos años, hoy sacude a España en una arena movediza de confrontación y división no vista desde la Guerra Civil del siglo pasado, que desencadenó una España herida, mutilada y separada por muchas décadas. Muchos de los artífices de la llamada transición española todavía viven, y son quizá referente de que más política y más dialogo siempre serán el impulso hacia un futuro esperanzador para un pueblo. Cataluña, una provincia autonómica que históricamente, ha librado a través de los siglos la idea de hacerse independiente del Reino Español, ha sido uno de los grandes puntos del desarrollo económico, social y político que han vivido en tiempos modernos los españoles, y muy especialmente las grandes empresas trasnacionales ibéricas, más redituables fuera de su país y con enorme presencia en Latinoamérica. ¿Habrán valorado diversos aspectos los independencistas? ¿Tendrá calculado el Gobierno español el costo financiero y político de su inacción en un problema que se gestó a través de varios años ? De entrada, separarse conlleva desde una nueva moneda hasta un reconocimiento internacional como país que podría originar un aislamiento desastroso de una sociedad acostumbrada a los beneficios de formar la Comunidad Económica Europa: movilidad educativa, pasaporte europeo, cero fronteras, cero aranceles, ayudas y subsidios del Banco europeo, planes culturales y deportivos de vanguardia, sistemas de salud en vanguardia, y hasta equipos de football de excelencia deportiva. Ambas partes, tanto Puigdemont, el presidente de Cataluña como Rajoy, Presidente Español, son el reflejo del político que piensa que sólo existen ellos: "La razón barrida por la pasión -dijo Vargas LLosa- del fanatismo y racismo nacionalista que ha sembrado la historia de Europa, del mundo y de España, de guerra, sangre y cadáveres".