ACTIVISTA

Septiembre negro

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Todavía no acabamos de digerir la temporada de lluvias que siempre en septiembre y octubre regularmente azota el sur del país, cuando nos llega de sorpresa desagradable el movimiento telúrico del jueves pasado. Han pasado varios días, y seguimos teniendo la sensación de fragilidad que deja esta experiencia non grata; sigue siendo y seguirá siendo tema de conversación por varias semanas: No teníamos los tabasqueños la característica de tener un suelo propicio a la actividad sísmica, tan es así, que siempre cantábamos la canción de Chico Che, ¿dónde te agarro el temblor? como parte de nuestra alma fiestera de un suceso que veíamos lejano.
 
Este suceso cambia muchas cosas: Desde los reglamentos de construcción, hasta la seriedad con la que hay que tomar la cultura de la protección civil, pasando por reconocer que el cambio climático verdaderamente repercute en las condiciones meteorológicas y fenómenos naturales, y que no solamente se trata de un asunto de moda entre artistas y activistas (Trump dixit).
 
Tanto hemos abusado de nuestro planeta, que nos está pasando factura. Al paso que vamos, pocos lugares de la Tierra estarán libres de sufrir fenómenos naturales, como diríamos coloquialmente, ¿y ahora, a dónde nos vamos? De todo lo bueno y lo no tan bueno, los seres humanos aprendemos de las tragedias y siempre visualizamos el mañana de manera optimista: La Ciudad de México de hace treinta y dos años es otra después del sismo del ochenta y cinco; Nueva Orleans ha aprendido a levantarse después de Katrina; Guatemala revivió después del terremoto de finales de los noventa; nosotros hemos aprendido, después del 2007, a reconocer la fuerza del agua y a empezarla a tener de aliada.
 
Por eso, este septiembre negro más allá de su circunstancia negativa, encierra una gran lección para todos.