SENADOR

Francisco J. Santamaría II

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El licenciado Francisco J. Santamaría, quien fue Gobernador Constitucional de Tabasco, como dije en mi entrega anterior, fue un hombre de muchas facetas, de talentos únicos en variadas actividades. Lo único que le faltó, desde mi punto de vista, -y reconozco que es una opinión algo arbitraria- fue haber sido médico, pues la política y la medicina son dos actividades que tienen mucho en común. Exigen que quien las practica con auténtica vocación dé lo mejor de sí mismo.
 
Su historia tabasqueña siempre me ha interesado, o incluso, apasionado. Mi padre, el Dr. Rodolfo Mayans Victoria, lo trató durante su período gubernamental y guardó siempre un buen recuerdo de él. De allí parte mi interés. Mis lecturas me enseñaron cómo aquel tabasqueño, nacido en un poblado marginal de una provincia marginal de México, desde niño quiso estudiar, adentrarse en los mares del conocimiento que, por supuesto, nunca había visto, pero que en un presentimiento genial supo que existían.
 
El propio Santamaría en unos apuntes de su vida, -Memorias, acotaciones y pasatiempos- cuenta dos cosas, que cuando ando recorriendo los municipios de Tabasco, no dejó de recordarlas: primera, siendo un niño del campo en Cacaos le manifiesta a su tío Sebastián que quiere estudiar, y a cambio de ello recibe, como se dice popularmente, una cueriza, pues ir a la escuela en sus condiciones de pobreza era un lujo impensable; segunda, por fin su tío cede y apoyado el futuro licenciado Santamaría por su mamá, llega a la capital San Juan Bautista, para ver al gobernador Abraham Bandala. El entonces gobernador porfirista lo encuentra sentado en las escaleras de Palacio de Gobierno, y se conmueve…y lo ayuda.
 
¿Qué nos dice esta historia? Que sólo tenemos una opción inicial para hacer posible un futuro: educación…y más educación.