GREAT SIOUX NATION

Un hombre triste

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Yo soy, fundamentalmente, un hombre triste. Un hombre que exhala y que suda y que orina tristeza, pero una tristeza inexplicable, que no tiene razón de ser, pues no me considero pobre ni feo ni tonto ¿De dónde viene, pues, mi tristeza? Tengo una hipótesis.

Yo creo que nací muerto, sí, muerto como una piedra. La partera estaba borracha y no lo vio.

Mis padres también estaban borrachos (de felicidad) y no se percataron.

Nadie, en fin, se dio cuenta de que yo estaba muerto y me dieron por vivo. Y en lugar de hacer lo razonable (arrojarme a la basura) me pusieron nombre y luego me obligaron a fingir que respiraba.

Qué injusticia más grande: Obligar a vivir a un muerto.

Yo empecé a querer suicidarme desde que tenía seis años (una vez intenté sepultarme yo solo) y véanme, aquí sigo. Siempre viene alguien en mi rescate. Odio a esos rescatistas que no entienden nada, que creen que la Vida es para mí algo deseable, cuando en realidad es la peor de las torturas; ¡por todo sufrimos, los hombres tristes!; por un color, por una palabra (pronunciada o no), por un rostro. En algún manual de etiqueta del futuro debería decir: es de muy mal tono interrumpir a un hombre cuando está por cometer suicidio, revela una profunda falta de lecturas y de sensibilidad.

Recuerdo haber tenido una novia.

No recuerdo su nombre, pero sí que me quiso mucho, la pobre. A mí nadie me había querido nunca y no supe cómo tomarlo, así que lo tomé a mal. Oigan esto: hice todo lo posible para que su amor muriera. Le pegué, apenas le dirigí la palabra, nunca la besé. Cuando su amor murió fue para mí un alivio, como si una ventana (por la que entraba un aire gélido) se hubiera cerrado. Al marcharse lloró. Yo hubiera querido llorar también, pero los muertos no lloramos, no tenemos lágrimas, ni siquiera ojos tenemos.

Ah, si la gente pudiera ver que estoy muerto dejarían de molestarme.

Llorarían por mí, tal vez me arrojarían flores. Me tratarían como a un superstar...