EX GOBERNADOR

Educación para romper la dependencia

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Si el fin de la tarea educativa es avanzar hacia una educación de excelencia -que no es otra cosa que poner a niños, adolescentes y adultos en sintonía con el cambio, hacia una situación de bienestar colectivo- es pertinente alejarla de las tendencias “modernizadoras” que le colocan solo como factor de éxito en el mercado que mueve la economía planetaria, a lo que no somos ajenos en la Región.
 
En  las condiciones actuales, dada la poca importancia que se otorga a la educación –no más allá de formar amanuenses para la gran empresa transnacional- las dirigencias gubernamentales impuestas a los sectores educativos de nuestros países, por lo general no tienen ni idea de que la educación es el pivote para el crecimiento y desarrollo autónomo de los pueblos y comunidades.
 
Estamos tan gravemente afectados en materia educativa, que hay naciones –dos de las más importantes por su dimensión económica- en que sus jefes de estado y de gobierno utilizan vocablos fuera de lugar y sus secretarios o ministros de educación, mantienen un discurso plagado de palabras incompletas o mal usadas, dando un pésimo ejemplo de cómo manejan áreas de gobierno que estuvieron en manos de personalidades como: Andrés Bello, Gabino Barreda, Domingo F. Sarmiento, Justo Sierra, Eugenio María de Hostos, Félix Varela, José Vasconcelos, Alfredo Aguayo y hasta el español universal José Ortega y Gasset. 
 
La educación de los pueblos de la Región tiene que enfrentar situaciones de alta gravedad. El discurso real vigente en los círculos del poder, guarda tonos de odio y racismo. Los incidentes de agresiones, asesinatos y enfrentamientos entre grupos, muestran la irascible decadencia de una sociedad intransigente y negada a ver a sus semejantes de otras clases sociales, como tales. Se vive en la región una absoluta pérdida de empatía y solidaridad.