Desde el averno

El caca-lor el de mis vacaciones

Lecturas: 251


Mi mamá nomás se subió al barco y como ya estaba todo incluido y no había forma de que gastase yo, más resulta que los bufetes de los barcos le cayeron muy mal y por un pinche desayunito ligero.
 
Mi jefecito santo, totalmente amarillo y con los labios pálidos y me dijo "hijo, creo que estoy mareado por el movimiento del barco" .
 
¡Cacas inimaginables! fueron con las que arrancamos nuestro viaje en el crucero, público querido, si ustedes leyeron la entrega pasada de Desde el Averno, empecé a contarles a través de este medio las vacaciones en las que me encuentro en este preciso momento, alejándome un poco de este ambiente mundano del medio artístico lleno de poses, banalidades e hipocresías, afuera es que decidí llevarme a mi familia a un crucero por el Caribe.
 
VALIERON PA’ PURA MADRE 
Sin imaginar lo que esto representaría, pues vienen mis papás, mi hermana con su hijo de dos años, mi hermano, mi suegra, mi mujer, mi hija y hasta la nana de mi hija, así es que como ya les conté, ha sido una verdadera odisea este fantástico viaje, pues, por una parte, es muy gratificante poder llevarlos a todos gracias al esfuerzo del trabajo durante muchos años, años que llevaba sobándome el lomo para poder ahorrar para que mis papás, que hicieron todo por mí durante toda mi infancia y juventud, pudieran vivir una experiencia como esta, así que como dijo Alfredo "Ni pedo", sólo que la cosa no se ha puesto sencilla, público querido, sólo que las cosas no han salido como originalmente uno las planeó, de entrada, algunos de los que eran mis gallos a la hora de desquitar el precio del crucero, valieron pa’ pura madre y con esto me refiero primero, precisa y redundantemente a mi madre, quien siendo una perfecta obesa y recién saliendo de la aventura del carrito de súper que les conté en la entrega pasada, nomás se subió al barco y como ya estaba todo incluido y no había forma de que gastase yo, más resulta que los bufetes de los barcos le cayeron muy mal y por un pinche desayunito ligero que incluyó 3 huevitos, papa hash brown, fruta, yoghurt, frutilupis, salchicha italiana, tocino, fruta y tres hot cakes con bastante miel de maple, como quien dice ligerito y sano que se me pone malita, recargadita de su estomaguito y es la hora en la que no ha parado de zurrar mi jefecita santa, les ha firmado todos los retretes del barco y mire usted que son un friego, dice mi madre que casi no puede caminar, que le duelen mucho los huesos, pero viera usted con qué velocidad se desplaza en cuanto siente el llamado del dios caca. 
 
SE ME PASÓ A RESENTIR DE SU ESTÓMAGO
Me recuerda a nuestro marchista Ernesto Canto, porque avanza rapidísimo, pero sin soltar culito, pareciera que su bastón de cuatro patas tuviese un motor turbo cargado, más bien este sería turbo "cagado", así que como bien les digo anda en chinga repartiendo cacas por doquier, pero lamentablemente no es la única que se me ha puesto malita, fíjense, el Concho, mi padre, al que yo consideraba un guerrero de la tragadera, me ha decepcionado terriblemente, por unos desayunitos como los que ya les platiqué, solamente agregando unas cuantas malteaditas, unos helados varios, algunas hamburguesas, papas y hotdogs, pues que también se me pasó a resentir de su estómago, fíjense, sólo que su caso fue un tanto distinto, en una cenita que pareciese que nos habían dicho que terminando se iba a acabar el mundo, me volteó a ver mi jefecito santo, totalmente amarillo y con los labios pálidos y me dijo "hijo, creo que estoy mareado por el movimiento del barco" de inmediato corrí por una pastilla contra el mareo y se la di, a los dos minutos con los labios todavía más blancos y aún más amarillo, me susurró con voz entrecortada y aguda por la cantidad de saliva que sus glándulas secretaban por los ascos descomunales: "Yo creo que me voy a mi camarote" y lo hizo, lástima que estaba lejos, muy lejos, la distancia no coincidió con sus rodillas que lo traen fregado, así que pues no alcanzó a llegar y se fue guacareando todo el pasillo del barco.
 
VOLVIÓ LA ERUPCIÓN DE GUACAREADA
Pero como él nos ha enseñado a nunca discriminar en el camino, lo mismo guacareó a dos negros a un chino y a una nicaragüense que estaban afuera de sus habitaciones, así transcurrió su viaje dejando una estela de guácara incesante desde el restaurante hasta su camarote, que al final resultó hasta benéfico, pues mi madre no se acordaba cómo llegar a su cuarto, así que llegó perfecto sólo siguiendo el camino de guácara, como Hanzel y Gretel, pero ahí no paró la cosa, mi madre jamás imaginó que si así estaba la autopista, como estaría el municipio, así que cuando llegó al camarote todo era guácara, pisos, alfombra, paredes, techo, todo y luego vino la pregunta, esa que toda mamá hace de manera inconsciente pero no menos idiota, "¿Te sientes mal?" “¡Pues a huevo! o ¿qué crees que guacareé todo el barco como una nueva técnica de arte abstracto?” Mi padre estaba acostado sin poder moverse por el malestar, mi madre se recostó en el único lado de la cama que resultó inmaculado por la guácara, pero no duró mucho, acto seguido y con la puntualidad de un géiser en Yellowstone, volvió la erupción de guacareada de nuevo, así, sin avisar, mi madre trató de ayudarlo y así con su flequito lleno de mortadela y pedazos de nacho con queso y chilli de guácara ajena, le preguntó que qué podía hacer por él, no hubo respuesta, el caso es que tuvo que quedarse limpiando su camarote hasta las seis de la mañana, hasta ahorita así van mis vacaciones, público querido, y aún no terminan, así que habrá seguro más peripecias que compartir con ustedes Desde el Averno, la moraleja que me deja hasta el día de hoy es: "No le peguen demasiado a la carne, al huevo y al jamón, sobre todo si usted es de culito respondón". He dicho.