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Y los de Pemex, ¿cuándo?

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Este mes de abril la nota nacional ha sido la captura por cierto, en otros países, de los perseguidos políticos mexicanos: Yarrington, Duarte, y sorpresivamente, el fiscal nayarita Veytia, inmiscuidos presuntamente en diversos delitos que van desde lavado de dinero, delincuencia organizada, y distribución de drogas en el caso particular del exgobernador de Tamaulipas y del Fiscal de Nayarit. Sin duda, lo que debería de ser un parteaguas del sistema político mexicano, aparenta ser más un asunto electoral, con sospechas de arreglos y de verdades a medias.

No solo los gobiernos locales han sido referente de la mal llamada cultura de la corrupción, la estructura orgánica del sistema nacional toca todos los ámbitos de la función gubernamental: Pemex es un ejemplo histórico de los negocios y la política.

El sector petrolero mundial, además de la caída de los precios del hidrocarburo, está sacudido por el escándalo de sobornos y deshonestidad de las empresas petroleras de Latinoamérica: Brasil, Colombia, Bolivia, Venezuela, Perú, Ecuador y México tienen un común denominador: Oderbrecht, la transnacional brasileña con proceso judicial en más de diez países y con escándalos de sobornos al por mayor a políticos de alto nivel incluidos varios Presidentes Latinoamericanos.

Se ha dado a conocer que en México, funcionarios del primer círculo gobernante recibieron varios millones de dólares de parte del gigante brasileño para amarrar contratos a modo.

Pero este caso es un pequeño botón, también en España se ha ventilado el escándalo de los buques fantasmas de Pemex en astilleros gallegos comprados por la empresa productiva mexicana a través de su filial PMI Norteamérica, que desde el año pasado se desconoce su uso y destino, lo que alimenta la desconfianza y las suspicacias de que algo huele mal.