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Congreso de mercenarios


Qué tiempos aquellos cuando Tabasco era considerado laboratorio de la democracia. Grandes personajes, tierra de políticos forjados en la lucha diaria con una profunda emoción y convicción. Qué tiempos… Hoy, nada queda. La política en Tabasco se ha envilecido, comercializado, corrompido. La democracia pasó a mejor vida. Simplemente no existe. Lo que sucedió ayer en la sesión de la Cámara de Diputados, es patético, vergonzoso, inmoral, miserable. Y no nos referimos al ascenso de Pico Madrazo como presidente de la JUCOPO, o a la madriza que le propinaron a Manuel Andrade, o al descontón que le pegaron a las aspiraciones de Pepetoño. No. Ese asunto aún tiene mucha tela. Faltan más impugnaciones y más veredictos por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. La telenovela aún no concluye. Lo que repugna, lo que da asco, es que se permita que sujetos como José Atila Morales y Patricia Hernández se paseen por los pasillos del Congreso ofreciéndose al mejor postor. Atila –un albañil beneficiado por la tómbola de AMLO—entró como diputado plurinominal de Morena. El 15 de septiembre de 2016 renunció a Morena y se fue al PRD (se presume que le dieron $4 millones). Y ayer, casi casi por decreto, aparece como diputado del PVEM. ¡Tres partidos en 7 meses! Una mentada de madre a la democracia. Y Patricia Hernández es otro caso detestable. Llegó al Congreso como diputada plurinominal por el PRI. Era presidenta del Comité Municipal de Centro. El 31 de agosto de 2016 renunció a su partido y se cambió al PRD (se dice que, al igual que a Atila, le dieron $4 millones). Y ayer, aparece como diputada del Verde. El mismo caso del albañil, tres partidos en 7 meses. No tienen, pues, ni moral, ni principios ni vergüenza.  Son mercenarios del Congreso, como muchos otros Desafortunadamente, es una práctica que se ha arraigado en la política y deja jugosos dividendos pero sepulta la democracia. Condena a Tabasco a seguir en el subdesarrollo.