|
Por Arnulfo De la cruz
Don Mateo Pérez espera sentado y desconsolado en una mecedora a que sus clientes, que son en su mayoría obreros, acudan a comprarle alguno de sus productos a su humilde tienda, la cual se ubica justo a un lado donde se construye el puente de El Censo y por donde desde el día de ayer la cantidad de agua que pasa es abundante.
“Aquí una vez que empieza a pasar el agua, esto se desborda, aquí no ha venido nadie a decirnos nada, si nos van a reubicar o algo, a nosotros nos engañaron que nos iban a dar unas casas por la que dimos 10 mil pesos y todo me pasaron a fregar porque nunca lo hicieron. Ahorita muchas familias se están yendo a donde está la iglesia, pero de nada va a servir porque igual ahí se va”, asevera.
Su pequeño negocio, el cual es también es su hogar, ha sufrido los embates de las inundaciones pasadas, por lo que esta vez tendrá que dejar de nuevo todo a la deriva, con la preocupación de que le roben sus cosas y mercancía como el año anterior.
“Aquí vivo con mi esposa, ya somos gente grande de edad, y pues ya no vivimos tranquilos por lo del agua, aquí aún se ven las maderas algo podridas por las inundaciones que pasaron, yo dejé aquí unas varillas y algo de mercancía que ya no pude sacar y todo me lo robaron, por eso ya casi ni le meto porque cada año es lo mismo, y esta tienda es mi única entrada de dinero”.
Y finaliza comentando, “yo me voy a la casa de una hija que vive en la ciudad, pero ahorita sólo estoy esperando a un joven que me va a ayudar a subir las cosas porque yo no puedo, sufro del corazón y de la presión, de hecho las pastillas se me acaban de terminar y cuestan 800 pesos, mañana tendré que mañanear para ir a comprarlas”.
“Aquí nacimos y aquí morimos”
Mientras les quita las escamas a unos pescados junto con su linda hija Esther, la señora Tila del Carmen nos platica sobre su sentir, al ver que el canal El Censo ya empezó a pasar una fuerte cantidad de agua, y aunque dice tener miedo no le queda de otra más que esperar, ya que no tiene otro lugar a donde ir.
“Ya hoy está pasando demasiada agua, hay mucho riesgo, está peligroso y horrible, pero la Conagua no hace nada, todos los años nos vamos al agua, el puente que están construyendo está atrasado, no lo pueden terminar y con esta lluvia menos, los trabajadores no puede hacer nada, de hecho la misma agua se ha llevado algunos de sus materiales y hasta sacos de cemento”, asegura.
Y añade, “Ya ni hay transporte, estamos incomunicados, sólo hasta las cinco dejan pasar a la gente por el puente, pero está peligroso porque tienes que subir una escalera, a veces hay un muchacho que se ofrece a cruzar el río a las personas que conoce con un cayuco que tiene, a parte de que no hay clases, los niños no van a las escuelas porque no pueden pasar al otro lado, y las maestras no pueden venir tampoco”.
Y aunque afirma tener miedo por la situación tan alarmante que se vive, ella sostiene que no piensa moverse de su hogar, “quién puede dormir tranquilo con esto, todos los años nos vamos al agua, pero estos últimos dos han sido terribles, y no sabemos qué hacer porque no tenemos a donde ir, ahora si que como dicen, aquí nacimos, aquí vivimos, y aquí moriremos, al menos de hambre no vamos a morir”, recalca, mientras termina de quitarle las escamas al pescado.
/amc
|