El tren anuncia su parada. Bajamos en la estación York, cuyo estilo victoriano augura un viaje hacia tiempos remotos y a las más arraigadas tradiciones inglesas.
Estamos ansiosos por recorrer el laberinto de callejuelas empedradas, ver las casas rústicas situadas cerca de los ríos Ouse y Foss y escuchar las historias que se han acumulado a lo largo de 2 mil años en los edificios romanos, medievales y de estilo gótico que decoran la ciudad.
Algunos pasos fuera de la estación son suficientes para que una de las fortalezas más impresionantes de Europa aparezca en el paisaje: un muro de construcción romana que rodea la ciudad, arrebatándonos el presente y envolviéndonos en la atmósfera añeja que caracteriza a esta localidad.
Una típica tarde gris dota al ambiente de misticismo. La tenue llovizna no impide que subamos los escalones de la muralla, construida en el siglo 13. Cada centímetro de sus 3.4 kilómetros de longitud está lleno de historias.
Aquí se narran las leyendas de los romanos que, en el siglo 17 a. C., bautizaron a la ciudad con el nombre de Eboracum; las de los vikingos invasores que se asentaron y la renombraron Jorvik, y las de la época medieval, que incluyen cuentos de princesas y caballeros.
UNIÓN DE ERAS
Nos despedimos de la fortaleza para inmiscuirnos en las entrañas del poblado. York Minister, la catedral gótica más importante del norte de Europa, nos llama con sus enormes vitrales, su altura de más de 150 metros y el sonido del coro local entonando una canción religiosa que hace eco en las paredes de esta joya arquitectónica, la cual tardó 250 años en construirse.
Nos cuesta trabajo entender cómo esta ciudad de aires remotos presume una personalidad contemporánea. Si bien los jóvenes no caminan ataviados al estilo victoriano, sí presentan ciertos toques góticos en su vestimenta. Los seguimos tratando de descifrar de dónde proceden tan originales atuendos, cuando nos encontramos con una sucesión de boutiques de ropa y accesorios con ese estilo.
The Shambles, la vía más importante para las compras desde el medievo, junto con Stonegate y Petergate logran combinar exitosamente la belleza de la arquitectura medieval con sofisticadas boutiques de moda, restaurantes gourmet internacionales y encantadores cafés y bares resguardados en antiguas casonas.
Roban nuestra atención unos carteles que promocionan las "caminatas fantasmales" por el Centro Histórico de York, son recorridos nocturnos guiados en los que las estrechas calles oscuras y los pubs embrujados son los protagonistas.
La llovizna que habíamos olvidado hace unas horas nos obliga a tomarla en serio y a buscar un lugar para resguardarnos.
De todas formas, no nos queda más tiempo para seguir vagando en el pasado, tenemos una cita a la que debemos llegar con puntualidad inglesa. El reloj marca las cinco de la tarde, y la larga fila de jóvenes afuera del salón Bettys confirma nuestras sospechas: la hora del té no ha pasado de moda en York.
LA MÁS FAMOSA CASA DE TÉ
La historia que se cuenta entre sorbo y sorbo en Bettys, uno de los salones de té más tradicionales de York, es que, en 1936, Frederick Belmont, fundador del local, realizó una travesía por el Atlántico a bordo del Queen Mary y se enamoró del esplendor de esta embarcación.
Belmont decidió contratar a los diseñadores del lujoso navío para que construyeran los muebles de su elegante cafetería.
Así, Bettys presume elegantes muebles de madera y espejos antiguos, que dan la sensación de estar en el legendario barco.
La hora del té es casi obligatoria en este lugar, que invita a dejarse envolver por las tradicionales infusiones, como el Blend Tea. Es un error partir sin probar los sándwiches de jamón de york y los dulces de mazapán. www.bettys.co.uk
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