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Despiden entre dolor y llanto a Gerardo

Sus compañeros de la Telesecundaria Emiliano Zapata, fueron llegando a la casa de Gerardo Montejo para darle el adiós.



Despiden entre dolor y llanto a Gerardo

(Tabasco HOY)

Los féretros fueron colocados encima de sillas y de blocks.

18/05/2017 06:35 / La Venta, Huimanguillo

José Ángel Castro  /  Manuel Antonio Asencio

Bajo una atmósfera de profunda tristeza, alumnos del tercer grado grupo A, de la Telesecundaria Emiliano Zapata, fueron llegando a la casa de Gerardo Montejo para despedirse de su compañero de clases, y de cuatro personas más que perdieron la vida a lado del adolescente, quien intentó salvar a su pequeña hermana.

Pese a las altas temperaturas que alcanzaban los 38 grados centígrados a la sombra, decenas de estudiantes, encabezados por su profesora Josefina Román Jiménez, fueron llegando a la cuarta sección de la ranchería Tierra Colorada, en medio de jugueteos y risas que caracterizaba a muchos de ello, de entre 13 y 15 años de edad.

A las once y media de la mañana, dos carrozas del municipio de Huimanguillo se aproximaron hasta la vivienda de doña Felipa Méndez. Se trataban de los restos de Beyanira, Gerardo, José y Carlos, que llegaban para ser velados por familiares, escenario que cambió el semblante de los alumnos del tercer grado.

Se trataba de su amigo, compañero de clases y travesuras. El primero en ser bajado de la ambulancia y colocado en el patio de la propiedad fue el ataúd de Gerardo, quien arrancó las primeras lágrimas de sus compañeros de estudios, los cuales terminaron desbastados emocionalmente al presenciar como la madre y la abuela lloraban desconsoladamente sobre los féretros de sus seres queridos.

Abrazados entre sí o tomado de las manos, los alumnos del tercer grado fueron aproximándose a Gerardo, quien yacía en su ataúd de madera color azul, sobre el cual fueron colocados flores y rosas blancas que llevaban en mano los adolescente.

Vecinos de la familia fueron bajando los ataúdes de la carroza municipal. Sillas de madera servirían de base para ser colocados de bajo de una carpa que protegía a los asistente de los incandescentes rayos del sol, pero no de las altas temperaturas que hacían sudar a las personas y cuyo sudor se unía con las lagrimas que eran derramadas ante el sentir colectivo que provocó la perdida de toda una familia.
 


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