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'Entraban al pozo, pero nadie salía'

Familiares de Beyanira, quien muriera al caer a un pozo junto con otras cuatro personas, narran instantes de la tragedia



'Entraban al pozo, pero nadie salía'

(José A. Castro)

Su mochila, ropa y muñecas, fueron sus pertenencias que quedaron sobre la cama en que dormía.

18/05/2017 17:41 / Centro, Tabasco

José Angel Castro  /  Manuel Antonio Asencio

La pobreza en la que viven las familias en la ranchería Tierra Colorada, 4ta sección, en villa La Venta, Huimanguillo, fue uno de los principales factores de la tragedia ocurrida ayer, en donde una niña y otras cuatro personas perdieron la vida al caer en un pozo.

La familia de la pequeña Beyanira Pérez vive en una casa con techo de guano, paredes de madera forradas con papel periódico en su interior y piso de tierra. Su cocina la comprende un fogón con leña situado al fondo.

Y el pozo de la desgracia se encontraba en la parte posterior, descubierto, ya que su falta de recursos les imposibilita hacerle una tapa de concreto.

"Mi niña estaba haciendo tarea debajo del árbol de mango, cuando le hablé para que fuera a comer. Pasaron como diez minutos y no aparecía, salí a buscarla, pero el hueco en el pozo me heló la sangre. Mi niña se había caído, y con ella los perdí a todos", expresó doña Felipa, la abuela de la familia.

'El pozo muerto', así lo llamaron las personas que la tarde de ayer acudieron a los velorios, y así también lo nombró Felipa Méndez de la Cruz, de 53 años de edad, quien tenía bajo su cuidado a su nieta Beyanira Pérez Frías, de 9 años, quien el pasado martes luego de salir de la escuela se colocó debajo del árbol de mango para hacer su tarea.

Serían las dos de la tarde cuando la pequeña fue llamada por su abue- la para ir a comer. "Le dije que fuera a lavarse las manos", narraba la mujer de avanzada edad con limitaciones físicas por una parálisis que sufrió desde que era joven. Explicó que el pozo, con más de 30 años de uso, se había cerrado desde hace 5, pues se había secado.

Parada en medio de la humilde casa, donde intentaba sostenerse de pie en el escabroso suelo de tierra de la vivienda, doña Felipa sólo se sostenía con su pequeño bastón, un palo de madera que la ayudaba a desplazarse del fogón improvisado que era su cocina a la cama donde dormía su pequeña, de la cual ayer sólo quedaban sus juguetes y libros de la escuela.

La cisterna se había convertido en una trampa, debido a erosiones que formaron dos pequeñas cavernas en el fondo, creando un vacío entre la basura de la superficie, lo que provocó que Beyanira cayera cuando acudía a lavarse las manos, dejando como evidencia la remoción de los residuos que se encontraban sobre el suelo.

El primero en llegar luego de los gritos de la abuela fue su yerno José Méndez Pérez, de 28 años, junto con Candelario Gómez, un vecino que llevó una escalera para descender por el hueco en la tierra, pero que regresó al campo en busca de una cuerda, mientras que descendía el primero de los adultos para salvar a la niña.

Habrían bajado los primeros escalones cuando los gases e pezaron a provocar estragos en José, se desplomó al fondo, siendo observado por su hijastro, Gerardo de 15 años de edad, quien desesperado bajó para tratar de salvar a los primeros caídos.

Pasaron cinco minutos sin que nadie respondiera a los gritos de desesperación de las mujeres que rodeaban la entrada de la cisterna, abriéndose paso entre ellas Carlos Montejo Rodríguez, de 46 años de edad, mientras que Candelario llegaba con las cuerdas para sujetarlos, pero el segundo yerno de doña Felipa también había sido tragado por el pozo.

Paulino Vera Gómez, de 47 años de edad, vecino de la familia, intentaría bajar cubriéndose la boca y nariz, pero al tocar fondo intentó regresar pues se había mareado. No logró llegar a la superficie, comentaron los testigos de la desgracia de cinco personas en el 'pozo muerto'.