VIVIR BIEN

'Morir no representa nada'

A Felipe Ehrenberg le faltó poco para llegar a los 74 años; a pesar del cáncer, trabajó hasta el final.



'Morir no representa nada'

(Reforma)

Todavía el sábado pasado, Felipe Ehrenberg habló con Fernando Llanos de una exposición en Londres, aquella ciudad que lo acogió en la juventud, que ahora se quedó en el tintero.

17/05/2017 05:05 / Ciudad de México

Lourdes Zambrano
Agencia Reforma

Su visión iba más allá del arte mismo. Fue un "neólogo". Así lo describió en los 60 su amigo Fernando del Paso, y él, Felipe Ehrenberg, adoptaría la etiqueta de por vida.

Medio siglo después, deja un hoyo en el arte contemporáneo mexicano.

Nunca bajó la guardia ante el cáncer que le aquejaba desde hacía tiempo. La enfermedad no mermó sus actividades ni sus planes. El lunes, disfrutando de una comida entre amigos, se sintió mal. Un infarto.




De su casa en Ahuatepec, en Cuernavaca, a donde se mudó con su esposa Lourdes Hernández-Fuentes en el último año, fue trasladado a un hospital, donde ya no resistió la intervención quirúrgica. Falleció a las 19:30 horas.

Le faltó poco para llegar a los 74 años, que hubiera cumplido el 27 de junio.

Pasó 15 años en Brasil, en donde fue agregado cultural, entre 2001 y 2006. Regresó en 2014, poco después de la desaparición de los estudiantes de la Normal Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa.

No fue una bienvenida cálida, fue cruda. Ehrenberg dijo entonces a que, para él, la situación del País era la de una guerra civil, aunque no se llamara como tal.

"Antes de ser artista, uno es un ciudadano, y esto le afecta a uno muchísimo. Si bien no creo que el arte pueda cambiar nada, lo mínimo que puede hacer es dejar rastros, reflejar lo que sucede", dijo.




La muerte, su favorita

El artista, nacido en 1943, no pasaba desapercibido. Era alto y tenía una voz aguardientosa y nada sutil. Era socarrón, de humor negro. Fumaba cigarrillos brasileños, que se le hicieron costumbre.

Uno de sus obras más emblemáticas la plasmó en sí mismo: se tatuó la mano izquierda con huesos. Dijo que era un homenaje vitalicio a José Guadalupe Posada. La muerte siempre fue uno de sus temas preferidos.

"La muerte no representa nada, la muerte es", dijo en 2014.

Se identificaba como "neólogo", el experto en la novedad, el que la estudia.

Con Del Paso coincidió a fines de los 60 en el Reino Unido, en donde se exilió tras la matanza de los estudiantes de 1968.
"Cuando Fernando del Paso me preguntó: ¿Tú qué haces?, le respondí: 'Pinto, pero ya menos'. Me dijo: '¿Entonces ya no estás haciendo pintura?'. Le dije: 'Estoy haciendo arte'. Me dijo: 'Pintas'. Le dije: 'No'. Me dijo: 'Entonces eres un neólogo'".
La carrera del neólogo, del anti-establishment, del multidisciplinario, terminó finalmente.




Incansable

Todavía el sábado pasado, Felipe Ehrenberg habló con Fernando Llanos de una exposición en Londres, aquella ciudad que lo acogió en la juventud, que ahora se quedó en el tintero.

"Estaba muy activo en su casa, donde tenía por lo menos unas 15 piezas espectaculares, con un sentido del humor y con una crítica política de punta. Iba a hacer un libro, no sé en qué haya quedado", contaba anoche Llanos.


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