Aún con los barruntos de lluvia, el lodo, la baja temperatura y el viento en contra de veladoras y mazos de vela luchando por mantener su flama y rendir culto así a sus seres queridos, las familias tabasqueñas de la zona rural de esta capital acudieron sin contratiempos para la convivencia sobre sus lápidas.
A 12 kilómetros de esta ciudad, en la ranchería Torno Largo 3a sección, del municipio de Centro, la aglomeración de familiares rompió con la monotonía de comunidades rurales en que la única celebración, de misas en ermitas católicas y templos evangélicos, era la concentración para convivir con sus fieles difuntos.
El vientecillo no dejaba que las velas y veladoras mantuvieran su flama, así que hubo el ingenio individual, unos con sombrillas, otros con hojas de plátano, pedazos de cartón, costales o ramas de árboles para evitar que el aire apagara las mechas, en una insistencia por cumplir el rito del rezo y la convivencia entre el barro y la arcilla blanda por el agua reciente de las lluvias.
Un solitario perro de color negro, a diferencia de los humanos, se mantuvo arriba de una tumba en la que únicamente habían cinco gladiolas en rojo y blanco. Sin inmutarse aún y con algunas gotas de una incipiente lluvia permaneció estoico, fiel por horas cerca del fuera su amo, que según lugareños, murió de forma trágica y el canino, es el que más asiste al camposanto.
En la primera sección de la ranchería Torno Largo, también las familias se volcaron a la convivencia entre las tumbas, muchas de las cuales pudo apreciarse estaban descuidadas, sin pintura y destruidas en su estructura por el abandono y el tiempo.
En el Cedral, de Gaviotas Sur 1a sección, era notorio el lodo para accesar al camposanto, pero aún así, las familias ingresaron para realizar la limpieza correspondiente y también poner en cada esquina de la tumba, flores multicolores, las veladoras, velitas de cebo y las ofrendas en comidas y bebidas, junto a descendientes y menores hijos.
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