El pintor Antonio Ruiz practica yoga desde hace cinco años, y reconoce que la disciplina oriental lo ha ayudado no sólo en su vida, sino en la práctica de su oficio como artista.
“En mi vida de pintor me he servido del yoga porque con una mente digamos neutral, puedo ver más allá de lo que los ojos pueden ver. A veces puedo proyectar las cosas con más calma, con más enfoque”, dice quien actualmente mantiene una exposición titulada precisamente “Visiones”, en la planta alta del Jaguar despertado.
Ruiz reconoce que todavía es muy raro para los occidentales practicar una disciplina oriental, pero gracias a las comunicaciones se ha podido abrir la enseñanza de manera sencilla.
En su caso, admite que fue “como dice un proverbio indú, la yoga me buscó a mí, no yo a ella”. En un lustro ha estudiado, meditado, practicado e investigado en esta fuente de sabiduría.
Relata que a veces “es inexplicable, uno trae un combustible dentro, uno es una mente inquieta, de artista, un alma guerrera, y esa búsqueda de la vida es la que te lleva a ese punto en el que la yoga te escoge”.
Claro, el mayor aporte del yoga en estos años de estudio ha sido a su vida. “En la yoga encuentro la paz que necesito para estar vivo, la unión para estar con Dios”, declara.
Para quienes lo conocieron hace años y lo ven ahora no lo reconocen: se ha rejuvenecido, se ve muy sano y transpira una armonía que irradia hacia los demás.
Pero quien puede ver mejor estos cambios es él mismo, en su vida personal y en su obra actual.
“Sí he visto yo el cambio en estos últimos trabajos que he hecho. La muestra que tengo en El jaguar es una especie de retrospectiva, ver quién era yo antes del yoga, y quién eres después de éste”.
El alumno de gráfica de Francisco Toledo ha pasado del trazo nervioso, del rayón instantáneo, a un toque más introspectivo, más profundo.
“A mí me sirve como ejercicio creativo, la yoga me da esa capacidad de crear, mientras estás sentado, en este aquí y en este ahora, en posición de loto, vienen mil cosas a tu cabeza, y tú tienes que dejarlas pasar como un río, los pensamientos se cualifican, se purifican, mi plástica ha dado un giro, es una plástica más proyectiva, no profunda pero sí más meditativa”.
En sus últimas piezas comienzan a aparecer seres en posición meditativa, figuras que parecen chamanes en completa abstracción.
“Las imágenes que estoy usando son de seres en posiciones meditativas, mi último cuadro es una figurilla prehispánica que está en posición meditativa. Sin duda tu creatividad con la yoga es infinita, se multiplica”.
/amc
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