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| Adorables petimetres |
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Homero T. Calderón |
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Doble Filo Publicado: viernes 06 noviembre 2009 | 03:04 hrs. |
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Si no fuera porque dos municipios de Tabasco están en plena inundación, podría este columnista atacarse de la risa. Note usted que uso el vocablo “atacarme”. Si fuera un esteta del lenguaje, a lo mejor diría: “autoatacarme”.
Todo este cotilleo deviene de cierto ataque periodístico que recibí por defender la honra de un amigo en desgracia. Quizá usted apreciado lector (a) habrá tenido amigos en esta triste situación. Ergo entonces quizá hasta habría hecho lo mismo que hizo este su servidor. Honrar la amistad es honrarse a sí mismo.
Mi trabajo de periodista derecho me hizo reaccionar así. Este perfil que doy cotidianamente a los lectores de este espacio editorial, me ha permitido hacerme de una legión de amigos y amigas, a los que cultivo con singular pasión.
Obviamente, son amigos decentes. Los indecentes, por el contrario, ni a amigos llegan. Si no hubiera defendido a mi amigo, podría pasar como un felón misántropo, un samarugo, un troglodita, un ingrato. Lamentablemente, para algunos petimetres del oficio, la amistad debiera ser un artículo de segunda necesidad.
Un amigo muy cercano --incluso-- cuando le pedí consejo sobre el particular, los justificó diciéndome que “sólo desquitan la chuleta”.
Obviamente, se refiere al pedazo de carne que llevan a la mesa de su casa todos los días. Pobres, escribiría --quiza-- la periodista Guadalupe Loaeza: “Debe ser penoso escribir por encargo; debe ser penoso tener que llegar a hacer ese trabajo pernicioso la mesa donde deberíamos trabajar todos los días para rescatar a Tabasco de los impíos que lo destruyen a diario; debe ser penoso no crear opinión; debe ser penoso no haber aprendido a trabajar decentemente, porque lo que mejor han hecho es cultivar la descalificación.
Es un problema de conciencia despertar todos los días y sentir que no eres periodista, que a lo más que puedes aspirar es a ser un eficiente “corre, ve y dile”.
Todo este largo exordio me lleva a sentir frío en el alma, y claro, también en el cuerpo. Así que me dirigí --como escribía el siempre ponderado y caballeroso, don Jorge Calles Broca-- a café de céntrica avenida, a disfrutar de esa maravillosa infusión, con los consabidos bísquets, que en tiempos de estudiante ingerí en cafetines de la inolvidable Ciudad de México.
Tal franquicia fue adquirida por el ex gobernador Manuel Andrade y puesta en manos de uno de sus mejores socios, el “brodie” Carlos Madrazo Cadenas (¡Madrazo!, ¡Madrazo!, ¡Madrazo!).
¿Y qué cree? Que por tercera vez en menos de un año, a la hora de pedir los consabidos bísquets, columna vertebral de la franquicia de marras, ¡no los había! El panadero que los prepara, encabronado quizá porque no le han pagado la última quincena, con justificada razón habrá dicho: ¡A la chin..dada, no hago un solo bísquet más!
E hizo bien. Las dos veces anteriores que no hubo, tuve que adquirirlos en una panificadora ubicada en la colonia El Guayabal. Ayer sin embargo me dije: Si Manuel Andrade como gobernador fue pésimo, como franquiciatario, salió peor.
Aquí tengo que ser justo con otro esforzado empresario cafetero, el joven veracruzano, Jorge González Gutiérrez de Velazco, quien junto a su hermano Alberto emprendieron un modesto expendio de café en Plaza Cristal que con los años se ha convertido en una de las más exitosas franquicias, ¡nacida y hecha en Tabasco! Ahí hay amor por el trabajo; ahí no se andan con miserias… |
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