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Vientos esotéricos
por Gaby del Valle
Recibe con luz a tus difuntos
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Publicado: 01.11.2009
Hoy no es el instante de reproches internos ni de tristezas, ya que ellos resienten todo ese bagaje. Nuestros muertos esperan encontrar: una familia unida, fuerte, para bien y para soportar el mal.

Esta noche, las almas provienen de todas partes de los lugares de descanso, de trabajo espiritual, de meditación y reflexión, de recuperación e incluso de los abismos, para visitar a sus deudos. Algunas vienen cargadas de dolores y recuerdos, para venir a depositarlas en los hombros de quienes fueran sus familiares. Otros todavía asimilan el remordimiento por sus errores y muchos más, ni siquiera aceptan su propia muerte; y no podrían faltar los angelitos-niños, que partieron sin haberse contaminado de las emociones negativas que deambulan en todos los seres humanos. Es por ello que ha llegado el momento de recibirlos con luz en el pensamiento, amor y buenas intenciones. No es el instante de reproches internos ni de tristezas, ya que ellos resienten todo ese bagaje. Ahora debemos estar en paz con nosotros mismos y con los nuestros, tratando de ser lo que nuestros muertos esperan encontrar: una familia unida, fuerte, para bien y para soportar el mal. Que espera su espíritu con la mayor ilusión, los buenos recuerdos, el perdón, las bendiciones y todo el amor. Y bueno, amigos, hoy es un día para recibir a nuestros seres queridos que se han marchado con molito, arroz, capirotada, dulce de calabaza, pan de dulce, tejocotes en almíbar, ponche de frutas, pozol de fresa, chocolate, vainilla y canela, frutas naturales como manzanas, peras, plátanos, mangos, naranjas y todo aquello que les gustaba disfrutar cuando estaban con nosotros. Pero lo más importante son las oraciones y el ritual que les precede como el incienso, el agua, el aceite de olivo, las fotografías, todo aquello que significa eternidad y un 'hasta luego', jamás un adiós, porque algún día nos veremos otra vez, cuando llegue el final de nuestro propio tiempo. Paz para los muertos.

Samhein
Ya desde el siglo VI antes de Cristo los celtas del norte de Europa celebraban el fin del año con la fiesta de Samhein (o La Samon), fiesta del sol que comenzaba la noche del 31 de octubre. Marcaba el fin del verano y de las cosechas. El colorido de los campos y el calor del sol desaparecían ante la llegada de los días de frío y oscuridad. Creían que aquella noche el dios de la muerte permitía a los muertos volver a la tierra fomentando un ambiente de muerte y terror. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía aquella noche y haciendo posible la comunicación entre unos y otros. Según la religión celta, las almas de algunos difuntos estaban atrapadas dentro de animales feroces que podían liberarse ofreciéndoles a los dioses sacrificios de toda índole, incluso sacrificios humanos.  También creían que esa noche los espíritus malignos, fantasmas y otros monstruos salían libremente para aterrorizar a los hombres. Para aplacarlos y protegerse se hacían grandes hogueras. Estas hogueras tuvieron su origen en rituales sagrados de la fiesta del sol. Otras formas de evitar el acoso de estos macabros personajes era preparándole alimentos, montando macabras escenografías y disfrazándose para tratar de asemejarse a ellos y así pasar desapercibidos sus miradas amenazantes. Se sentían indemnes ante las fuerzas de la naturaleza, el sufrimiento y la muerte. De alguna forma buscaban desahogar aquella situación dándole expresión en toda clase de fantasías. Todo lo feo, lo monstruoso y lo amenazante que se puede imaginar en figuras de animales y seres humanos, constituye la base para darle riendas libres a la imaginación del terror.
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