Esta leyenda fue difundida por San Agustín, y se asocia mucho en las tradiciones irlandesas.
La licantropía se remonta a muchos años atrás, cuando las civilizaciones comenzaban a escribir sus historias. Y, curiosamente, así como muchas leyendas, los hombres lobos y su sed destructiva, se ubican en diferentes lugares y épocas, coincidentes. En los anales de lo escrito, se encuentra Osiris, el antiguo joven dios de los egipcios, que se supone fue muerto por un jabalí y antes de desangrarse en el mar, salió del infierno transformado en un lobo para socorrer a su amada Isis y su hijo, quienes sostenían lucha a muerte con Tifón.
Los hombres lobo
Según una tradición en Livonia, los arcadianos tenían por costumbre elegir por costumbre al azar a un hombre de la familia de Anteo y llevarlo hasta la orilla de un estanque mágico donde, después de haberle hecho beber agua, lo desnudaban, colgaban sus ropas de un árbol y lo lanzaban a las aguas. Después de que hubiera cruzado la charca, aseguraban, se le veía cambiado en lobo mientras se alejaba por la espesura del bosque para reunirse con sus nuevos hermanos. Esta estancia entre los hombres lobos debía durar nueve años y, si transcurrido este período el iniciado se había abstenido de devorar hombres, «volvía a cruzar el estanque y recuperaba su primitiva figura humana».
Esta leyenda fue difundida por San Agustín, quizá por algún relato e su amigo San Ambrosio, arzobispo de Milán, y la asocia al mito de los cinocéfilos, es decir, a aquellos hombres capaces de transformarse en perros y cuyo mito está estrechamente emparentado con os garwalls de las tradiciones irlandesas.
Fuente: Vampirismo y Licantropía de Ramón Hiervas
Las transformaciones en bestias son parte de las religiones paganas más antiguas tanto europeas como americanas, siendo parte natural de éstas; sin embargo, en el oscurantismo de la Edad Media, se asociaron a algo diabólico y fue así como nacieron las más terroríficas historias de hombres-lobo.
Dentro de las tradiciones bíblicas, además de Nabuconodosor, existen algunos otros casos de licantropía, como el de Caín. Los talmundistas afirman que, después de haber asesinado a Abel, vagó por las selvas, llevando una vida errante hasta convertirse en una bestia. Con el tiempo, surgiría una abominable secta de cainistas, quienes, cuando celebraban sus orgías, -entre otras cosas- vestían pellejos de chacal para correr por los bosques en busca de animales para ultrajarlos. Así, con el paso de los años, se dice que los hombres-lobo han recorrido los bosques en busca de víctimas.
Tradiciones mexicanas
Entre los mazahuas, en el Estado de México, la celebración del día de muertos es una de las tradiciones más arraigadas. En este ritual, el jefe Venado (jerarquía relacionada con nombres de animales, costumbre de origen cultural y las creencias religiosas), preside la gran ofrenda del recuerdo colectivo, alternando oraciones cristianas en español, con mensajes mazahuas. El jefe recorre una lectura con los nombres de los fallecidos, repitiéndolos en voz alta, lo que nos refiere la creencia de la visita anual de los muertos a sus deudos, lo que nos unifica en identidad mexicana. |