Me da pena platicar todo esto, pero alguien tiene que saberlo: Galantina era una chica como de 15 años… muy niña, creo yo.
Se juntaba con nosotros, pero era tranquila, tímida y muy callada. No sé quién la inició en el thinner, pero a eso estaba con nosotros: pa’ olerlo.
No se ponía loca, sólo se reía, pero esa vez fuimos a la fábrica abandonada ésa, con la casa del cuidador que estaba vacía.
Todos sabíamos que lo habían matado en un asalto, junto con su mujer. Unos miserables asaltantes, por unos cuantos pesos, pero los habían machacado a golpes.
Desde entonces, la vieja fábrica estaba completamente sola y a nosotros nos gustaba jugar a escondernos y espantarnos unos a los otros.
La más asustada siempre era Galantina, que salía con sus ojos abiertos, como platos diciendo siempre que había visto al velador y a su mujer que la llamaban, pero como estábamos bien drogados, pos’, no le creíamos nunca.