¿Qué cuenta la gente?
La gente cuenta, y cuando cuenta hay que escuchar. La gente es sabia, cada día, en todas partes. Cuando digo gente es a aquellos que como parte de su oficio nos los encontramos, por una casualidad que no es casualidad. Los taxistas son un buen ejemplo, los meseros, el expendedor de periódicos, el franelero, los comerciantes de los tianguis, etc. Todos los demás estarán detrás de la televisión diciendo lo que otros quieren oir, aquellos intelectuales, políticos, periodistas, líderes de opinión – término rimbonbante – pero esos que son la pantalla no están en las calles.
Candidatos por aquí y por allá.
¿Usted ya sabe por quién votar?
¿O se dejará llevar por las encuentas?
Yo percibo confusión, y una profunda cantidad de sarcasmo. A detalle se calculan los errores de cada uno de ellos. Que si escriben mal una palabra, que si utiliza mucho gel, que si son rateros, que si son esto o aquello. Yo tengo miedo, pero no se ineptitud, sino de su poca sensibilidad. En medio de cambios que no quieren ver, más allá que si los mayas nos predicen fines apocalípticos.

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