Hombres Necios…
Eventualmente soy una chica deportista y disfruto mucho de correr. Mi lugar preferido es ‘El Sope’ (además de Los Viveros), un circuito dividido en dos trayectos, uno de 890 metros con una pendiente mínima y otro de casi 2 mil metros con una cuesta pronunciada, ubicado en la segunda sección de Chapultepec. Llamado así por la forma de la avenida y no a Mario ‘El Sope’ Pérez como muchos creen (dicen los conocedores del atletismo en México, que él sólo fue a poner su plaquita, adjudicándose el nombre del sitio).
En la ciudad de México, ‘El Sope’ se ha convertido en un lugar obligado para trotadores, es decir, los que sólo vamos cuando la lonja se nos cuelga, o aficionados relacionistas, o los que empezando las olimpiadas queremos seguir el ejemplo. La cosa es que no se pone nada mal. Se organizan buenas carreras y el auge que ha adquirido con los años le ha dado cierto caché, porque últimamente asisten embajadores, personas con choferes y guardaespaldas.
Se diría, por lo anterior, que existe seguridad dentro de ‘El Sope’ y afuera también, ya que el circuito está cercado, sin embargo hay quienes sí prefieren correr afuera de él, y someter a sus tobillos a serias lesiones con el concreto. Además de los que andan en bicicletas o se ejercitan en el famoso Lago de Chapultepec.
Pareciera un lugar de ensueño, y lo es, ciertamente, van familias a hacer fiestas infantiles y los que van a ligar los domingos, en fin. Pero nadie está exento de la maldad humana. Hace una semana fui testigo de lo que vivió una mujer de aproximadamente 35 años. Llegó agitada con el franelero (los cuidacoches) para pedirle un enorme favor, que si veía a un tipo (no alcancé a escuchar las características específicas) montado en una bicicleta, que lo detuviera porque ella ya no había alcanzado a ‘agarrarlo’.
“Si lo ve, deténgalo por favor. Me dio una nalgada. Ya casi lo tenía pero se me escapó, si no fuera porque me tropecé (y agitó su mano en señal de… me lleva), si ya lo iba a alcanzar y le hubiera roto el hocico”, dijo aquella mujer, mientras se quitaba sus audífonos blancos de Ipod. El franelero la miraba, fingiendo preocupación y rodeándole el cuerpo con la mirada, casi como queriendo saber si había sido necesaria tal hazaña.
“O sea que si lo veo ¿lo detengo así nomás? ¿Y usted estará aquí?”. Sí le contestó ella, mientras movía la cabeza en todas direcciones con la certeza de que lo fuera a encontrar en algún momento. “Si ya me había visto, pero nada mas se esperó a que corriera aquella vuelta, en donde no hay gente, para darme la nalgada”.
Yo estaba a punto de meterme en la charla y mi sugerencia sería que ella continuara corriendo pero dentro del circuito cercado. De pronto pensé, pero sí este es un país libre, cual solamente puede ser libre, cantara Silvio. Además esa chica estaba tan enojada que a pesar de notar mi presencia pues se dio cuenta de que no encontró eco pero sí complicidad.
Alguna vez una amiga me hizo saber algo que en un principio me hizo soltar tremendas carcajadas.
Ella viajó a Italia el año pasado en pleno verano. Se pudo poner la ropa que quiso, con escotes y shorts. “Hubieras visto, los italianos también te dicen de cosas en la calle, pero oye, no es lo mismo que te lo digan dos italianos, que dos albañiles mexicanos”. ¿Y supiste lo que te dijeron? Después de unos segundos: “Pues no, pero estaban bien guapos”. Me quedé estupefacta, qué bueno que nunca supo la pobre.
En México y en el mundo entero suceden atropellos así diariamente. Hay hombres que justifican sus quijotescos actos porque “nosotras los provocamos”. Si sólo hay que recordar tiempos de la Santa Inquisición; podíamos ser quemadas hasta porque el vecino nos soñara desnudas y en su cama.
Aunque de todo hay, y conciente soy de eso. Sé también de mujeres que reclaman si no se les mira. Y aunque uno quisiera piropos estilo Machado, José Alfredo o Neruda pues yo en lo particular estoy totalmente en contra de tanta vulgaridad que no sé si es propia de algunas ciudades. Recuerdo alguna vez a un cubano decirme que los hombres mexicanos no estaban acostumbrados a la belleza y que por tal razón se comportaban como patanes. ¿Usted qué opina?
Si Sor Juana viviera…
Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

De antemano recibe un cordial saludo, mi comentario es con respecto a la pista de ”el Sope” llamada así per el corredor Mario Pérez Saldivar, te recuerdo que el gano medalla de oro, plata y bronce en unos mismos juegos panamericano centroamericanos y del Caribe y por lo tanto cuando el regresa de ganar las 3 preseas para México se entrevista con el presidente de México de en ese entonces y le preguntan que en donde entrenaba, a lo cual contesta que el entrenaba en la 2da secc. del bosque de Chapultepec en una vereda que el mismo hiso y que después un grupo de corredores le ayudaron a quitar la maleza para poder correr mejor y el presidente le dijo que desde ese día y en adelante se llamaría la vereda del sope… si tienes alguna duda de lo que te menciono o quieres saver mas del tema contactame y te puedo enseñar periodicos, curiculum vitae y una semblanza deportiva del Profesor Mario Pèrez Saldivar “El Sope”