Poesía para comenzar el año…

Poemas de una servidora, no con el afán de ser famosa, sino de compartir.
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Ya casi,
Cuando el quehacer se acorta
Llega inhóspito el amanecer.
Con esa entereza
que enamora al río en verbena,
con el ímpetu de
ayuno junto al petirrojo.
Pero algo en la noche
Muerde el caos
Y nos desvela
Guiño de ausencia
Que rasca la piel
Cuando tu nombre sólo es
Sonido y mueca.
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Feliz
la forma en cómo tu cintura apremia
de venirte gozando cántico,
(cual astro palpitante).
Sollozante está la brisa
-comprende luna llena-
habitada en mi sábana chillante,
de venirte musitado
Estallo en muecas delirantes,
de coléricos espasmos
que equidistan
tiernos en instantes
Paso tu mano en redoble de cuna
hasta mi vientre de madre,
que enciende
abierta y cálida
…como brisa de luna que te envuelve
Me miro quieta y radiante,
hasta el punto de roble que empina
a merced de otro
su fuero de puñal atravesado
Y pienso en las entrañas de la tierra
Y en el sol, y en los quehaceres…
(extrañas formas de ser tormento)
Más sé que no ha de llegar la muerte
por sorpresa,
pues en ondeantes figuras te acomodas,
encima de mi cascada burbujeante.
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Mi alma se entrega sola
al unísono que preña con la tristeza,
la vereda sufre cada tramo
y mis manos se cansan de pensar.
Las suaves palabras no llegan,
son cantos taciturnos
de hojas con su otoño escondido
Algo va a pasar
cuando esto acabe
Esto, de lo que no tengo nombre.
Algo de mi alma
que ciñe el vacío a través del asfalto.
Una tristeza así no es saudade,
No es coraje.
Es la cosquilla de querer gritar amor, odio, palabras;
La voz que no sale de esta garganta
sino del estómago, del sexo, de los pies.
Me quedo sin oxígeno
con manos huecas
y piernas endebles.
La costumbre de andar como ciego entre las ramas.
Mi alma se entrega sola,
Y va dando tumbos en la noche,
Con esas sombras que me gritan
que me asustan y perviven
prefiero andar a oscuras
que con este cuerpo tenso
que con estas manos como lanzas,
con esta cortina de miradas
Y yo sin mi alma
al rescate
una y otra vez.
