El AÑO DEL MANIFESTANTE

Hace un año escribí esto:
Los sucesos de este 2010 fueron muy variados pero en un mismo tono: violencia y más violencia. Y creo que el evento que culminó con un año lleno de incertidumbre fue el asesinato de Marisela Escobedo, esta activista originaria de Chihuahua, quien fue asesinada de la manera más cobarde y horrible, sólo por insistir en la captura del asesino de su hija.
Antes de que acabe el 2011, fuertemente llama la atención la portada de la Revista “Time”, en donde los manifestantes de todo el mundo:
Indignados en Madrid; estudiantes en Chile; el Movimiento por la Paz, que encabeza Javier Sicilia, en México; los manifestantes convocados, a través de las redes sociales, en Rusia, en contra de los supuestos fraudes electorales; las protestas del movimiento contra la inequidad económica de los indignados en Nueva Cork (OWS); la llamada Primavera Árabe que detonó en Túnez.
En fin, el Mundo está pidiendo una silla en dónde sentarse.
Nadie descansa, en Londres cientos de manifestantes están preocupados por las tasas académicas que se han triplicado (una matrícula que antes costaba 3.000 libras esterlinas ahora cuesta 9.000).
“ Nuestros profesores están siendo despedidos, nuestra educación cada vez recibe menos. No tenemos los recursos que necesitamos, así que tenemos que pagar más por menos. Esto no es aceptable”.
Inspirados en la Primavera Árabe, los manifestantes de Occupy Wall Street establecieron un campamento en el parque Zuccotti el 17 de septiembre, que se convirtió en el epicentro del movimiento, generando marchas y tomas de espacios públicos a lo largo de Estados Unidos y propiciando iniciativas similares en otros lugares del mundo
Además las manifestaciones no cesan, recientemente en Londres detuvieron a 143 personas por protestar contra el presunto fraude electoral en las elecciones del 28 de noviembre en el Congo, tras el anuncio de la reelección del presidente del país, Joseph Kabila, sobre Etienne Tshisekedi, que según los resultados preliminares quedó segundo con un 32,33 por ciento del voto.
Dos consignas traducen el perfil del movimiento OWS:
“Somos el 99%” -implica que el 1% de la población manda y saca el mayor beneficio de este sistema. Esta relación entre el 99% y el 1% que simboliza también la bipolarización fuertemente acentuada del reparto de la riqueza social producida en los Estados Unidos. La segunda: “Los bancos han sido reflotados. Nosotros hemos sido vendidos”.
En la lista de las constataciones efectuadas el 20 de septiembre de 2011 por la asamblea de Nueva York se encuentran, de hecho, los elementos de un programa social de envergadura: “han tomado nuestras casas por medio de embargos ilegales, aunque sin estar en posesión del préstamo hipotecario inicial” (mecanismos propios de las subprimes[2]); han reflotado los bancos de forma completamente impune sacando de las rentas arrancadas a los contribuyentes, cuando los dirigentes se conceden bonus exorbitantes”; “han profundizado la desigualdad y la discriminación en los lugares de trabajo, sobre la base de la edad, del color de la piel, del sexo o de la orientación sexual”; “han intentado sin cesar quitar a los y las asalariadas el derecho de negociar por un mejor salario o condiciones de trabajo más seguras”; “han tomado como rehenes a decenas de miles de estudiantes por medio de deudas de decenas de miles de dólares para pagar sus estudios, estudios que constituyen un derecho de la persona humana”; “sistemáticamente han subcontratado el trabajo y utilizado esta subcontratación como palanca para reducir el salario y la cobertura social de la salud”.
En su columna, Charles-André Urdí (economista y profesor universitario suizo, marxista revolucionario con una destacada participación en ATTAC [movimiento antiglobalizador] y en la organización de los inmigrantes indocumentados de su país), titula “Ocupemos Wall Street, ¿signos anunciadores de un ‘nuevo bloque social’?”. Y no señala lo siguiente como para pensar que las cosas podrán desembocar en ese sentido:
En la lista de las constataciones efectuadas el 20 de septiembre de 2011 por la asamblea de Nueva York se encuentran, de hecho, los elementos de un programa social de envergadura: “han tomado nuestras casas por medio de embargos ilegales, aunque sin estar en posesión del préstamo hipotecario inicial” (mecanismos propios de las subprimes[2]); han reflotado los bancos de forma completamente impune sacando de las rentas arrancadas a los contribuyentes, cuando los dirigentes se conceden bonus exorbitantes”; “han profundizado la desigualdad y la discriminación en los lugares de trabajo, sobre la base de la edad, del color de la piel, del sexo o de la orientación sexual”; “han intentado sin cesar quitar a los y las asalariadas el derecho de negociar por un mejor salario o condiciones de trabajo más seguras”; “han tomado como rehenes a decenas de miles de estudiantes por medio de deudas de decenas de miles de dólares para pagar sus estudios, estudios que constituyen un derecho de la persona humana”; “sistemáticamente han subcontratado el trabajo y utilizado esta subcontratación como palanca para reducir el salario y la cobertura social de la salud”.
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