Hablarles del DF
Se supone que este espacio es para hacerles crónicas del distrito federal.
Estoy ahora mismo, sentada en una silla de una casa que se improvisó como oficina. Detrás de mí, lo que hay son cuadros y más cuadros (quisiera que el olor del óleo me acompañara, pero ya es demasiado el tiempo en que fueron pintados y ya están secos). Escucho un programa de radio, de una locutora que es bastante famosa y bastante fresa, y entrevista a una experta en bebés.
– En útero, el bebé ya percibe todo. Si tú le pones móviles a los bebés empieza a dirigir su mano hacía eso, sin que todavía pueda ver, explica la experta.
- Escuché que los niños indígenas no te miran a los ojos, porque fueron amamantados largo tiempo a través de un reboso y nunca su madre los miraba a los ojos. Dice la locutora
Calle Mitla, colonia Narvarte, pienso que no tengo lectores como antes porque he dejado de escribir en este blog, de pronto perdí el interés (no por los lectores, lo aclaro).
- El que diga que no vivimos dentro de una incertidumbre de guerra que me diga por qué (pienso en voz alta)
Les quiero contar del DF, sin que esto sea periodismo infrarrealista – ni siquiera sé qué es eso, se lo copiaron a Bolaño, y no sé qué tan genuino sea este nuevo ‘ismo’, que ya ni tan nuevo es, ya ni sé lo que digo, ya ven, no confíen en mí.
Creo suponer que ya sé por qué ya no tengo lectores en este blog: ¡ya no hablo de Joaquín Sabina! -pero yo misma me cuestiono sobre si Sabina es lo máximo. Eso sí, aún conservo la teoría de que: ‘todo, menos Arjona’. Quizás también los he perdido, a ustedes, como consecuencia de este tsunami (y no surimi -Ninel, ya debería de cobrar regalías por cada uno de los chistes que se le atribuyen a ella; o si ella fuera más listilla, ya podría estar abriendo un blog de chistes, sin duda, tendría más lectores que yo) que me ha seguido durante todo este año en que las pérdidas tienen el mismo valor que la Bolsa. Todo puede ser: la depresión, la crisis existencial, la autoaceptación de la neurosis, el nervio constante de vivir, o las ganas de huir irremediablemente, pero a dónde, ¿ a Europa? como los personajes principales de la novela de Richard Yates (Revolutionary Road), quienes para huir de la monotonía creen que el viejo continente puede ser la única vía.
Me atrapó ese sábado de luz matinal.
Esta señora obesa que continúa devorando almas sin saciarse, me embelesó. Tiene olores propios esta ‘gordota’, a quien sorprendo cocinando varias ollas al unísono –sobre carbón y leña-, de caldos con pócimas de hierbas ‘no tan finas’ que se mezclan con comino y clavo por cada una de sus banquetas.
Cuando florecen sus jacarandas tengo la impresión de que el aroma se impregna en las ropas y en nuestras cosas.
Dicen que ella es más segura que otras de sus comadres aledañas –eso se presume ahora y se riega el chisme como el pinole en el atole. Dicen que acá con la ‘gordota’ estamos mejor, que acá no se acercan los matones. Ah! sus estrechas históricas, sí, cuando se busca una cantina donde llorar y hacer pucheros. Los girasoles los busco, y sólo en el sur por donde los canales se atraviesan con trajineras, y ahora sus sucias aguas desprenden hedor.
Percibo cierto síntoma de tranquilidad, al menos cuando la alumbra de día. La gorda sabe que ella nunca estará a salvo de nada, ni de nadie, ni muchos menos de quienes la gobiernan, es tan pobre que otra cosa puede dar. Somos apenas ácaros encima de ella, repicándola sin parar, como una danza de viejitos, y tampoco importándonos como los viejitos, del destino de la gorda.
En la semana, ya tiene preparado un sufrimiento de todos conocido, “el ansia loca”, así le llaman en los barrios bajos. – Ya te dio en ansia loca Ramiro – Y a ti también Melchor – Y a mí ya me va a dar, Rosa. Y en filita como zombies, nos arrollamos unos contra otros desde los lunes hasta los lunes, aunque a veces nos salvamos uno que otro sábado o domingo. El fútbol apendeja a la gente, me dice mi inconciente colectivo (ah! chinga, esa ya es una frase muy hecha, pero es la puritita verdad, a qué no?), o en semana santa, cuando a todos se nos mete la cristianidad mal entendida y a largarse a donde sea. Pero es cuando la gorda descansa, ella sí que tiene días de asueto y hasta vegetariana me parece la condenada.
-Si mi abuela María Luisa viviera, me daría la razón sólo por esta vez
Subsisto porque he crecido con la ilusión de que la gorda nos tiene a todos preparada una sorpresa. Es la esperanza, claro, la esperanza, debe ser verde, la esperanza es verde, así la visualizo, a pesar de su pollution (con este término, como toda una avezada en cualquier tema).
Y mi cancioncita mental: “Hoy amanece y el sol tiene un raro esplendor”, la cantaba El Pirulí, ay! Ya nadie se acuerda de él, y con la moda que hay de los narcos, pero es que ya se nos están haciendo costumbre.
La gorda tiene la culpa, es muy consumista la cabrona.
Y yo he vuelto a fracasar para hablarles del DF. Pero les tengo preparada una crónica sobre el hambre, la novia de Ebrard (de quien tengo mis dudas, puede ser un travesti), de los cuentos de Francisco Tario (me he vuelto fan), de la película nueva que saldrá de El Planeta de los Simios R evolution –en una de esas cuando esté de buenas la veo (si la Gorda me da permiso); o del amor, ¡era broma! Hay cosas que…. Sólo la Gorda sabe.
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