¿Transporte Público o automóvil?
El uso del automóvil en muchos países está cambiando considerablemente. La transformación cultural ha elegido al transporte público como la mejor herramienta de desplazamiento, además de la rapidez y sencillez para un beneficio ecológico.
En Francia, por ejemplo, desde el aumento de combustible en 1993 a la fecha, se ha logrado que muchos dejen sus vehículos personales en sus propias viviendas, además de que el gobierno ha adecuado los espacios para el uso de bicicletas, motocicletas o patines. Además hay otro dato interesante, desde abril de 1999, la empresa Caisse-Commune ofrece un servicio de auto compartido en París. Con una simple llamada telefónica, los afiliados pueden contar las 24 horas con un vehículo de la flotilla. En su gran mayoría, estos automóviles funcionan con GPL (combustible de gas con menos emisiones contaminantes).
Podemos pensar, “bueno eso es en Francia, en México las cosas son diferentes”; sin embargo, son más las ciudades grandes las que prefieren el servicio de transporte público. En el Distrito Federal se están observando cambios que si bien la población no ha entendido, al menos la está obligando, ya que las decisiones de los gobernantes se inclinan por esta medida: Las avenidas más transitadas como son Insurgentes, Eje Central y Cuauhtémoc, se han acortado, ya que se han reducido los carriles para beneficio del Metrobús, Trolebús y Microbús.
En el Distrito Federal nos quejamos mucho del caos vial que ha ocasionado la reducción de carriles, pero no hemos cuestionado la funcionalidad de este fin. El Metro sigue siendo el transporte por excelencia, se puede decir que es el medio más seguro y más eficiente en la capital. Hay mucho que aprender y hacer, ahora bien, nuestro sistema de transporte tiene sus deficiencias y de esas nos preocupamos todos los días. Ciertamente no estamos en París pero para llegar a eso debemos ser más intrépidos y sacar nuestra bicicleta de la adolescencia. Conciente estoy de la escasa civilidad para peatones. Por otro lado, nuestro sistema público ha expandido el temor de los ciudadanos al existir tantos taxis piratas, microbuseros abusivos, metrobuses que chocan y bla bla bla.
Aún con todo esto, definidamente las circunstancias nos obligarán a optar por el sistema de transporte público. Y con suerte, de paso nos alertamos ante tanta contaminación que podemos evitar. Y miren, ahora que he recorrido varias agencias automotrices (acompañando a una amiga), me quedo con la gran sorpresa de que los domingos la gente ya no va a misa, sino a preguntar de planes de financiamiento ¡increíble! Recordemos que doscientos mil autos se anexan a la metrópoli anualmente.
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De camino al Centro Comercial, un taxista joven con ‘pelitos’ parados iba escuchando con alto volumen a Michael Jackson, con sus vidrios abajo quién lo dudaría. Yo venía en el taxi contiguo y curioso fue ver que mi chofer también agarraba el ritmo con sus dedos, golpeando a sus piernas en señal de regocijo ( y con todo que éste traía su noticiero vespertino).
De pronto los anuncios en la radio han despertado inquietud: “En el 2010 el Distrito Federal no tendrá agua, compre regaderas que ahorren la caída de la misma”, y como broma pesada, le agregan un tono de voz de científico loco promoviendo una nueva película de Freddy Krueger.
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