Ayer, mientras le presumía a un amigo que –hasta el día de hoy, mañana quien sabe-, un servidor camina “con la frente en alto”, se me acercó un lector con la sana intención de desmentirme. “Eres un mentiroso”, dijo, tras comentar que había leído el Inventario publicado el martes pasado, en donde me atreví a escribir que corro cinco kilómetros diarios, para irme acostumbrando a andar a pie. “Corres cuatro, porque ayer te conté diez vueltas a la pista”, aseguró el atento lector, quien además, corre desde hace años en la unidad deportiva cardenense. Y ni modo. Desde aquí, le ofrezco humildemente una sincera disculpa y reconozco mi pertenencia ocasional, involuntaria tal vez, al grupo de mexicanos que según la encuesta de Consulta Mitofsky –“La mentira cotidiana, una aceptada costumbre”, publicada en un diario nacional este 28 de Octubre-, “decimos 94 mil 900 millones de mentiras al año”. Según los datos de la encuestadora, el 18.1 % de los mexicanos miente por necesidad, mientras el 16.8% lo hace por conveniencia y el 14.8%, miente para evitar conflictos. Únicamente, el 8.3% “lo hace por costumbre”, según la misma fuente, y se concluye que en cuestiones de amor, “los hombres son los que más mienten; 38% de ellos lo confiesan, y 32 % de ellas acepta que miente”. O como canta Paquita la del Barrio: “La primera por coraje, la segunda por capricho, la tercera por placer”. Pero lo más interesante, es que 2 tercios de los mexicanos, “piensan que la mentira es necesaria y justificable”. Totalmente de acuerdo. ¿Qué pasaría, si los legisladores federales se quitaran la máscara al discutir el paquete fiscal? ¿O quién hubiese votado, aquí, si los candidatos mostraban sus verdaderas intenciones antes del 18 de octubre? Mejor “miénteme más, que me hace tu maldad feliz”. Es cuánto. |