Según datos del INEGI (2007), anualmente fallecen nueve mil setenta y tres tabasqueños. Las principales causas de mortalidad en el edén tropical fueron en ese año: enfermedades del corazón (1,370), diabetes mellitus (1, 265), tumores malignos (1,074), y accidentes (966). No es extraño que los males del corazón acaben con nosotros, si se toma en cuenta que la mayoría, sobrevivimos con una dieta de pozol, tortillas, y tamales preparados con manteca de puerco. Por si fuera poco, las instalaciones deportivas, cuando no existen, están para llorar, como en el municipio donde sobrevivo. Si no nos mata el corazón -a los usuarios de la unidad deportiva cardenense-, nos pasa encima una bicicleta, o un carro, sin que a ninguna autoridad le preocupe en lo más mínimo. Para acabarla de joder, el tabasqueño se conduce de una manera que favorece los problemas cardíacos. Cuando no anda mentando madre a carretadas, se encula de cuanta mujer se le atraviesa. La situación es preocupante, sobre todo, para la población que carece de servicios médicos elementales. Y no creo, como está la crisis económica, que la prioridad de los nuevos gobiernos municipales sea mejorar la infraestructura deportiva. Pero ya no hace falta. Debido al incremento en el precio de la harina, el presidente del “Grupo Sustentable de la Transformación del Maíz”, Ignacio Govea, anunció que a partir del 15 de noviembre, costará doce varos el kilo de tortilla. Y ni modo, guardaremos dieta forzosa. Con eso, y un aumento al precio de la gasolina, más el ajuste que le hagan los diputados federales al IVA, los tabasqueños quedaremos en los puros huesos. Se acabaron los males del corazón, la diabetes, y con el alza del combustible, bajará el índice de accidentes. El único problema, es que nos vamos a morir de hambre. |