La cita de Carlos Martínez Assad en su “Breve historia de Tabasco” es contundente: “En estas tierras las cosas suceden de otro modo”, menciona en el capítulo V, inciso 7, que titula precisamente “Entre la ficción y la realidad”. Lo menciono porque en otras partes resulta cierto el dicho de que “recordar es vivir”. Pero aquí es diferente. Recordar aquella tarde del 28 de octubre del 2007 es algo así como morir un poco. Ese día de San Judas Tadeo, el patrón de las causas difíciles, miles de perredistas marchaban contra el acuerdo compensatorio de tarifas eléctricas. Desde la Deportiva a Plaza de Armas. Esa tarde, lo recuerdo muy bien, era bastante gris, y apenas comenzaron a caminar cuando empezó la lluvia. Cuando llegaron frente a Palacio de Gobierno, arreció el aguacero pero los inconformes resistieron de pie. Inmóviles. En las fotos, pasadas por agua, se ven figuras y liderazgos que ya no están, pero ese día, aplaudieron cuando uno de los oradores. Francisco Lastra, que presidía la asociación de alcaldes perredistas, dijo que “el movimiento de resistencia civil está más vivo que nunca”. Y allí estaban, bajo aquel aguacero, personajes como Jesús Selván y Moisés Dagdug junto a la entonces plana mayor del perredismo tabasqueño. Francisco Lastra convocaba a los militantes a no caer en la trampa “de los que hacen acuerdos en lo oscurito y los que a toda luz aplican a los tabasqueños la ley de Caifás”. Tal vez quiso decir, la ley de Herodes, pero daba igual. Eran, según dijo un orador por el micrófono, “más de cuarenta mil”, que le aplaudían a Adán Augusto López cuando decía con voz rasposa: “ni el agua ni el viento, detienen el movimiento”; repetían convencidos: “no somos uno… no somos cien”, y exigían borrón y cuenta nueva como único acuerdo. Horas más tarde vino el agua para arrasar con todo. |