Hola amigos, les quiero compartir un pequeño cuento que nos narra como en un rancho había una ranita que observaba todos los días como el granjero entraba al establo con un balde vacío y sacaba de las vacas un espumoso líquido blanco que apreciaba mucho.
La ranita se preguntaba, qué será ese líquido blanco que hace tan feliz al granjero. Un día le dice a su amiga ranita que está dispuesta a dormir en el establo, para ver que es ése líquido blanco que sale de las vacas. Y así lo hacen.
Al día siguiente, sin que el granjero se de cuenta, se meten al balde y descubren que ese líquido es muy sabroso, que le llaman leche y se regocijan en el mismo, pero cuando llega el momento de querer salir, no lo pueden hacer, ya que como es una cubeta no tiene donde asentarse para impulsarse y saltar, así que las ranitas empiezan a moverse desesperadamente, esperando un milagro, una de ellas, le dice que ya no aguanta más y se deja ir al fondo, la otra le insiste en que continúe que a lo mejor están muy próximas a salir.
La amiga ranita no la escucha, se deja de mover y se va al fondo. Mientras la otra sigue moviéndose y es tanto su afán de salvarse que la leche de tanto agitarla se va endureciendo para formar el requesón, lo que permite crear un peldaño para que la ranita se impulse y salte. Y así es como logra salvarse.
Este cuento me lleva a pensar en cómo a veces estamos ya tan cerca de la solución al problema y como a veces el cansancio, o la falta de fe, nos llevan a claudicar y no nos damos cuenta que con seguir intentando un poco más la respuesta se hubiera hecho evidente. Amigo lector la próxima vez que te sientas listo para “tirar la toalla”, recuerda que quizá estás más cerca del triunfo de lo que te imaginas. Dios los bendiga.
jmc. |