El Instituto Federal Electoral se ha metido gustosamente en un callejón lleno de trampas. Conforme a sus cuentas, resulta que el único candidato a la presidencia en los comicios pasados que rebasó el tope para gastos de campaña fue el que ante la opinión pública y de manera sistemática mostró más austeridad y sacrificio personal, Andrés Manuel López Obrador, mientras su antípoda en esa materia, Enrique Peña Nieto, ha quedado irónicamente limpio de culpa.
La postura del IFE va en contra de lo que los ciudadanos pudieron ver en el pasado proceso electoral (una descomunal utilización de recursos por parte del candidato priista mientras el del PRD, PT y MC desarrollaba una campaña mesurada) y agrega elementos de inconfiabilidad a la hoja de servicios de por sí bastante ajada de varios de los consejeros y funcionarios de ese instituto.
En el fondo, lo que se busca es entretener y entrampar al lopezobradorismo en cuestiones contables. Pero, también, el objetivo es tratar de etiquetar a AMLO como un infractor electoral, un despilfarrador o mal administrador, colocándolo en el mismo nicho de los Amigos de Fox o el Pemexgate.
No debe perderse de vista que, más allá de las argumentaciones técnicas del IFE , al conjunto de intereses coaligados para repartirse botines nacionales mediante argumentaciones pactistas le urge desacreditar al máximo posible al tabasqueño.
Lo paradójico del asunto sería que, sean ahora nuevamente los estrategas del grupo en el poder los que a fuerza de golpes constantes contra el tabasqueño acaben fortaleciéndolo en el plano del liderazgo social. Con esta suerte de intento de desafuero electoral, el propio IFE pierde legitimidad (de la que ya casi no le queda nada), se enreda en dictámenes legalistas que no corresponden a la realidad vista por millones de ciudadanos y causa irritación al actuar con tanto cinismo.
En otro tema: una nota en El Sol de Puebla, bajo la firma de Cirilo Calderón, mencionó que "escasos liderazgos del ámbito político nacional acompañaron a la secretaria de Desarrollo Social federal, Rosario Robles Berlanga, durante la ceremonia religiosa de su hija Mariana Moguel, quien este sábado contrajo nupcias con el ex diputado federal Francisco Ramos Montaño en la iglesia de Santa María Tonantzintla. No obstante, elementos del Estado Mayor Presidencial (EMP) tomaron los accesos al santuario religioso, impidiendo la entrada de turistas y pobladores locales para admirar el inmueble considerado una joya del arte barroco de Puebla. Aunque el sacristán de la iglesia de Tonantzintla refirió que se esperaba la presencia de Angélica Rivera, esposa del presidente Enrique Peña Nieto, solo algunas figuras del ámbito político local y familiares de los novios asistieron a la ceremonia religiosa" (http://bit.ly/14toWSO ).
En un país fundadamente dominado por el sospechosismo bien caben las reservas a la hora de ver alineadamente felices a las administraciones de México y Estados Unidos al anunciar ésta un proyecto de reforma migratoria.
Cierto es que la situación tan difícil en la que viven millones de mexicanos en el vecino país hace que todo paso adelante sea plausible, pero en la actual circunstancia es válido preguntarse a cambio de qué se ha producido tan llamativo cambio de rumbo en la política imperial.
Vale preguntarse si el esbozo de cambio de actitud del poder estadunidense está relacionado con las promesas de venta de la riqueza petrolera mexicana. Son tantos los mediáticos disparos sonoros al aire en estos momentos de acelerado avance del peñanietismo en pos de sus "reformas estructurales" que no es exagerado plantear la posibilidad de que estén relacionados los temas de migrantes y petróleo. ¡Hasta mañana!